.

BLOG DE NOTICIAS DE BUENOS AIRES Y DEL MUNDO * * * * JUAN YÁÑEZ , VUESTRO HUMILDE SERVIDOR SE COMPLACE CON LA PRESENCIA DE TODOS AQUELLOS QUE AQUÍ SE ACERCAN Y LES DA LA MÁS CORDIAL BIENVENIDA... ***

JUAN YÁÑEZ LES DA LA BIENVENIDA, AMIGOS TODOS...

El acontecer cultural, social, político, deportivo y todo aquello que es noticia en nuestra ciudad, también en el resto del país y del mundo, que nos motive compartir y publicar...

domingo, 9 de abril de 2017

Descubrieron la aldea más antigua de la Ciudad en la zona del Autódromo


08/04/2017 - 21:56Clarin.com Ciudades
Arqueología

Descubrieron la aldea más antigua de la Ciudad en la zona del Autódromo
Es de los siglos XII y XIII y vivían cazadores recolectores. Hicieron 38 excavaciones, también en Villa Riachuelo. Encontraron utensilios, flechas y rastros de arquitectura en madera. “Esto cambia la historia porteña”, disparan los expertos.

Descubrieron la aldea más antigua de la Ciudad en la zona del Autódromo
En acción. Los arqueólogos argentinos y vascos excavando a metros de la pista del Autódromo porteño.


María Belén Etchenique CLARIN - BUENOS AIRES

Arqueología/ Hallazgos históricos
“Estamos caminando donde ellos caminaron”, dice el arqueólogo Ulises Camino. Está parado dentro de una excavación, a menos de un metro del suelo. A su espalda se alza una de las tribunas del autódromo porteño, alrededor hay parrillas y mesas de cemento. Dice ellos y no se refiere a las personas que cada fin de semana visitan el camping municipal, tampoco a los que llenan el autódromo cuando hay una carrera. Dice ellos y habla de los pobladores más antiguos de los que se tenga registro en Buenos Aires. Ahí, en medio de un camping, a metros de la pista en la que se corre el Super TC 2000, investigadores argentinos y vascos encontraron un aldea indígena de los siglos XII-XIII.



Hicieron 38 excavaciones, repartidas en el Autódromo Gálvez y en el Parque Ribera Sur, en Villa Riachuelo. Extrajeron cerámicas, puntas de flechas, cuentas de collar, huesos y rocas. También encontraron huellas de postes en los que se apoyaban las casas. Todos rastros que les permitieron confirmar la existencia de un asentamiento prehispánico. La legitimación científica se completó hace dos meses: la aldea es tres siglos anterior a la llegada de los españoles al Río de la Plata.


Parque Ribera Sur. Arqueólogos argentinos y vascos excavan, rodeados de parrillas y mesas de cemento.



“¿Ves este agujero que está ovalado? Seguramente es de un poste que pertenecía a una construcción y lo sacaron para llevarlo a otro lado. Hicieron así -dice Ulises y con los brazos emula el movimiento hacia atrás y hacia adelante que se usa para desenterrar una sombrilla en la playa-”. Dentro de la excavación la tierra es lisa, aunque está tapizada de musgo. Mientras se hicieron los análisis de laboratorio no hubo trabajo de campo. Hoy, sobre el piso de una de las excavaciones hay 12 agujeros de entre 15 y 20 centímetros de diámetro. La mayoría son círculos perfectos, lo que indica que formaban parte de estructuras de viviendas con una ubicación semiestable.

“Es el hallazgo arqueológico más importante de la Ciudad. Encontrar una aldea prehispánica debajo de Buenos Aires cambia la historia: prueba que la vida de la Ciudad no empieza en 1536, con la fundación de Pedro de Mendoza, como nos enseñaron”, dice Daniel Schávelzon, investigador del Conicet y director del Centro de Arqueología Urbana de la Universidad de Buenos Aires. Desde hace 40 años indaga debajo de la superficie porteña. Su nombre está detrás de los hallazgos arqueológicos más valiosos. Pero ni siquiera él suponía que en el sur dormía un asentamiento tan antiguo. Llegó a Villa Riachuelo en busca de otra cosa: quería restos de la primera fundación española. Jamás imaginó lo que encontraría.

Descubrieron la aldea más antigua de la Ciudad en la zona del Autódromo
Investigación. Daniel Schávelzon, Daniel Loponte y Ulises Camino, en el laboratorio del Centro de Arqueología Urbana de la UBA. Así relevaron parte del material recolectado. /Juan Manuel Foglia

Por primera vez, Capital tendrá un mapa arqueológico

El equipo de investigadores empezó pelándole capas a la tierra. Lo primero que hallaron fue fragmentos de vasijas de cerámica, piezas que los indígenas usaban para cocinar caldos y guisos, trasladar el agua que sacaban del Riachuelo (entonces la orilla estaba a pocos metros) y servir la comida. Luego encontraron puntas de flechas, cuentas de collares, vértebras de guanaco, falanges de venados de las pampas y la cáscara de un huevo de ñandú, entre cientos de elementos. “Son restos de uno o varios campamentos indígenas de cazadores recolectores pampeanos. Vivían de la caza de guanaco, ñandú y venado de las pampas. También sabemos que usaban piedras originarias de Tandil, Entre Ríos y Uruguay”, dice Daniel Loponte, arqueólogo del Conicet y del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano. El grupo de expertos se completa con restauradores de la Universidad del Museo Social, la gerenta operativa de Patrimonio de la Ciudad, Nani Arias, y arqueólogos dirigidos por un Agustín Azkarate, un prestigioso investigador de la Universidad del País Vasco.

Descubrieron la aldea más antigua de la Ciudad en la zona del Autódromo
Posible hallazgo. Los arqueólogos argentinos y vascos, reunidos en una de las excavaciones ante un posible descubrimiento.

“Analizamos las cerámicas y tenemos cinco fechas obtenidas por el método de la termoluminiscencia. Cinco fechas coincidentes, en diferentes laboratorios de España, es indiscutible”, dice Schávelzon. “Además -sigue- hay evidencia de que tenían una arquitectura en madera. Si estaban todo el año o si la habitaban en una época o lo usaba un grupo o distintos lo tenemos que seguir investigando”. Pero hay descubrimientos que los entusiasman: recuperaron fragmentos enterrados de morteros para moler pimientos y frutos. También, rocas que usaban para cortar o raspar. “Suponemos que enterraban objetos que les resultaban más difíciles de trasladar. Los ponían en lugares determinados para luego volver a usarlos”, agrega Camino. Además confeccionaban sus propias herramientas, eso jamás se había encontrado en la región. “Fabricaban sus propias puntas de flecha. Encontramos desechos que descartaban mientras las hacían”. Las flechas las empleaban para cazar, aunque no descartan que fuesen elementos de defensa.

Pasaron más de 700 años, el Riachuelo se rectificó y un viejo puente -La Noria- fue desplazado, pero las tierras que rodean al autódromo siguen siendo una loma natural. De pie, al lado de la pista, se pueden ver los edificios de Puerto Madero. Era un punto en el que los primeros pobladores tenían dominio visual sobre todo el bañado del Riachuelo. “La Ciudad de Buenos Aires es el lugar que un arqueólogo menos elegiría para buscar un sitio prehispánico -dice Loponte-. Se supone que acá todo está modificado. Lo que encontramos es una cápsula del tiempo preciosa”.


08/04/2017 - 11:56Clarin.com Ciudades
La aldea prehispánica recién descubierta

"Podemos saber mucho más sobre los antiguos pobladores"
Lo dicen los arqueólogos, que harán nuevos estudios y trabajarán con especialistas en otras áreas: biólogos, geólogos y químicos, entre otros.

"Podemos saber mucho más sobre los antiguos pobladores"
Arqueólogos. Se les sumarán biólogos y químicos, entre otros.
  
Ciudad de Buenos Aires

Arqueología/ Hallazgos históricos
Desde la definición del espacio de trabajo, los investigadores argentinos y vascos se apoyaron en técnicas. Recurrieron a estudios hechos a principios del siglo XX por el naturalista Carlos Rusconi, el primero en reconocer la importancia arqueológica de esa zona del sur de la Ciudad. Usaron cartografía vieja y la superpusieron con imágenes satelitales. Así, definieron un área de terrenos altos ubicados a orillas del Riachuelo, una lengua de suelo que funcionaba como una isla en la planicie de inundación. En ese punto empezaron a abrir la tierra.

Con los hallazgos en las manos, enviaron muestras de cerámicas a laboratorios españoles. Las sometieron al método de la luminiscencia. Una técnica que se usa en arqueología para determinar la edad de objetos que hayan sido sometidos al calor. En la Argentina casi no se hace, dicen los expertos. En breve se harán estudios que darán, mediante métodos como el radiocarbono, la antigüedad de los huesos de guanacos y venados de las pampas. También se harán análisis de ácidos grasos a la cerámica para conocer qué se cocinaba adentro.

“Se puede reconstruir la flora, la fauna, la temperatura, el medio ambiente y las condiciones ecológicas. Podemos saber mucho sobre estos primeros pobladores. Hace 50 años hubiese sido imposible, pero hoy se llega a un nivel de estudio microscópico”, dice Daniel Schávelzon. Las muestras están distribuidas en siete cajas azules en una estantería del Centro de Arqueología Urbana de la Universidad de Buenos Aires. Cada elemento fue lavado en forma previa, y está dentro de una bolsa y rotulado. Un equipo de restauración de la Universidad del Museo Social determinó cómo guardarlos y conservarlos.


En mayo los vascos volverán, los pozos de excavación crecerán a los costados y al grupo de arqueólogos se sumarán geólogos, botánicos, biólogos y químicos. El hallazgo más antiguo en la historia de Buenos Aires lo demanda.




jueves, 2 de marzo de 2017

La mala educación del señor Baradel


Roberto Baradel

                                           La vocación docente es simple y es profunda: se trata de responder preguntas. Es llamativo que un docente se enfurezca frente a una pregunta. La educación es un juego racional, pasional y apasionante de interrogantes y de respuestas.

Roberto Baradel se encolerizó ante una consulta elemental: “¿En qué escuela trabajó?”.


Desplegó en el acto un show inusitado. Se paró de la mesa en la que estaba siendo reporteado, intentaba con dificultad quitarse el micrófono en tanto tomaba temperatura y crepitaba el tono de su voz. Mientras el cable le descuajeringaba la camisa aseguraba enfurecido que la pregunta era capciosa y aludía a su condición de amenazado.


Es interesante psíquicamente su reacción. ¿Por qué se enojo? Si es docente y dio clases, no hay explicación para la dramatización desplegada. Nadie lo descalificó.

Y las amenazas que ha recibido son claramente repudiables y así se explicitó en el aire.

Dicho sea de paso, quien formuló la pregunta es mi hijo Nicolás. Desde que pudo hablar formulaba preguntas sin detenerse: ¿por qué se hace de noche? ¿Cómo no se caen las estrellas del cielo? ¿Por qué nos dormimos? ¿Por qué somos hinchas de Independiente? ¿Papá vos sos profesor? ¿Y donde das clase? ¿Y por qué…?

Y fue así que se hizo periodista. Para preguntar.

Finalmente, Baradel consideró que Nico había olvidado lo que había vivido cuando él, mi hijo, su hija Juli, y su mujer Laura, pasaron largos meses bajo severa custodia policial debido a muy inquietantes situaciones padecidas.

No Baradel. No nos olvidamos.

Me produce angustia recordar eso. Y me solidarizo con usted Baradel por atravesar también una situación tan triste.

Una reflexión final. Todos los males que nos acosan, podrían ser conjurados con una buena educación.


Porque con la mala educación que se manifiesta por ejemplo cuando no contestamos lo que debemos contestar no vamos a ningún lado.






jueves, 27 de octubre de 2016

El día que quisieron matar a Sarmiento


Secreta Buenos Aires - Eduardo Parise CLARÍN 

El atentado fue durante el quinto año de su mandato como presidente, en 1873.     

En la Argentina hay una amplia lista de presidentes constitucionales derrocados por alzamientos militares. También apoyados por civiles, esos hechos siempre terminaron produciendo muchos males para el país. Pero a pesar de eso, hay historiadores que se jactan de que aquí ningún mandatario fue asesinado mientras ejercía su cargo, como ocurrió en otros países, incluido Estados Unidos, al que se toma como ejemplo de democracia. Sin embargo las crónicas locales registran casos con intentos fallidos. El primero de esos casos involucró a uno de las máximas figuras de nuestra historia. Ocurrió el 23 de agosto de 1873 y para siempre la fecha quedó como el día que casi matan al presidente Domingo Faustino Sarmiento.

Por entonces, Sarmiento ya cumplía el quinto año de su mandato de seis. Y enfrentaba distintos conflictos y problemas que afectaban el desarrollo de esa gestión. Quizá el más grave era la histórica rebelión del entrerriano Ricardo López Jordán, un caudillo con fuerza política. Por su captura, el Presidente ofrecía una recompensa de 100.000 pesos. López Jordán no tenía buena prensa, algo que se acrecentó cuando ordenó el asesinato del gobernador Justo José de Urquiza y dos de sus hijos (Justo Carmelo y Waldino). El gobernador había hecho acuerdos con Sarmiento, después de la elección que ganó el sanjuanino. El crimen de Urquiza ocurrió en el Palacio San José, en la ciudad de Concepción del Uruguay. Los hijos fueron ultimados en Concordia.

Dicen que en medio de ese clima surgió la idea de matar al Presidente. La investigación posterior tiene como protagonistas a los hermanos Francisco y Pedro Guerri, dos marineros italianos que estaban en Buenos Aires y sin trabajo. También aparecen Luis Casimir (se hacía llamar“Aníbal”) y Aquiles Segabrugo, a quien conocían como “El austríaco”, aunque había nacido en Milán 38 años antes. Detrás de ellos se supo que estaba la figura de Carlos Querencio, un hombre vinculado a Jordán, quien había prometido un pago de 10.000 pesos si asesinaban a Sarmiento.

La investigación determinó que las balas estaban impregnadas con poderosos venenos, igual que la punta de los cuchillos. Las crónicas de la época mencionan sulfato de estricnina, ácido prúsico y bicloruro de mercurio, tres potentes tóxicos.
      
En la noche de aquel 23 de agosto, los hermanos Guerri se apostaron en la esquina de las actuales Maipú y avenida Corrientes. Debían esperar la señal que les haría “Aníbal” para saber cuándo balear el carruaje en el que viajaba el Presidente. Sarmiento iba hacia la casa de Dalmacio Vélez Sarsfield (redactor del Código Civil; también ministro del Interior y amigo del sanjuanino) y no tenía ninguna custodia: sólo lo acompañaba el cochero. Los Guerri portaban dos trabucos de bronce y boca ancha. Además llevaban puñales por si los perdigones fallaban. La investigación determinó que las balas estaban impregnadas con poderosos venenos, igual que la punta de los cuchillos. Las crónicas de la época mencionan sulfato de estricnina, ácido prúsico y bicloruro de mercurio, tres potentes tóxicos.

Cuando el carruaje llegó a la esquina, los hermanos salieron de las sombras y dispararon contra la cabina. En un primer momento habían pensado en matar a los dos caballos que tiraban de la carroza y luego apuñalar al mandatario. Sin embargo cambiaron de idea. Algunos perdigones atravesaron la ventanilla y salieron por el otro lado. Pero allí ocurrió algo insólito: el trabuco que portaba Francisco Guerri estaba tan cargado que, al disparar, explotó y dañó severamente la mano del joven (tenía 22 años). Dicen que ante esto, “Aníbal” huyó. Pedro asistió a su hermano herido y se refugiaron en una casa. Pero el oficial Floro Latorre y otro agente de Policía, que estaban cerca, los vieron y los detuvieron. Al parecer Latorre tenía algún dato previo al atentado y por eso se había instalado en el lugar. “Aníbal” (Luis Casimir) fue apresado algunos días más tarde. Después supieron que “El austríaco” era Segabrugo y fueron a buscarlo a su casa en el barrio de Balvanera, pero ya había huido hacia el Uruguay. Policías que viajaron a Montevideo para detenerlo encontraron sus cosas en un hotel, pero el hombre no estaba.

Para completar esa historia llena de intrigas, los agentes se enteraron que Segabrugo había sido asesinado de tres balazos en una calle de la capital uruguaya. El crimen se lo atribuyeron a Carlos Querencio, quien nunca fue detenido. Con papeles y documentos que habían encontrado en la habitación del hotel, los policías se embarcaron hacia Buenos Aires. Pero un grupo de jordanistas se metió en el camarote antes de la zarpada y no sólo se llevaron las valijas: canjearon la vida del policía por silencio para siempre sobre lo que había visto y leído en esos documentos. El amenazado cumplió y por eso hubo cuestiones que nunca se aclararon.

El atentado falló, pero lo más sorprendente fue que Sarmiento recién se enteró de lo ocurrido cuando llegó a la casa de Vélez Sarsfield y el cochero, aún agitado por la mala experiencia vivida, contó todo sobre el ataque. El Presidente, por la avanzada sordera que lo aquejaba entonces, ni siquiera había escuchado las detonaciones de los disparos. Al otro día, hizo declaraciones sobre lo ocurrido. “Por suerte no sufrí daño corporal alguno, pero sí en mi espíritu”, dijo. Y agregó; “Hirieron la más alta investidura que puede ostentar un ciudadano de la República; se resquebrajó el respeto a la autoridad”.


El tiempo dejó atrás aquel incidente. Lo que no quedó en el olvido fue el motivo que siempre llevaba a Domingo Faustino Sarmiento a visitar la casa de Vélez Sarsfield. Por entonces era un secreto a voces que el Presidente tenía una relación con Aurelia, la hija menor de Dalmacio. Cuentan que la joven era una escritora e intelectual brillante. Si bien se habían cruzado alguna vez cuando ella era una niña, cuando se reencontraron él tenía 44 años y ella 19. Sarmiento todavía estaba casado con Benita Martínez Pastoriza; Aurelia se había mal casado a los 17 con Pedro Ortíz Vélez, un primo, pero esa relación había terminado mal y ella estaba de nuevo con su padre. Con sus encuentros y desencuentros la relación entre el sanjuanino y la joven duró hasta la muerte de Sarmiento, el 11 de septiembre de 1888, ocurrida en Asunción, Paraguay. Hasta una semana antes de esa fecha, Aurelia estuvo junto a él. Pero esa es otra historia.

martes, 27 de septiembre de 2016

Management 2020: "El ADN argentino impone su impronta en el resto del mundo"

Carlos Bayala, de New, y José Del Rio, de LA NACION. Foto: LA NACION
Cinco ejecutivos con presencia en diferentes países analizaron las características que distinguen a la conducción local y que la hacen reconocida a nivel internacional
SEGUIRCarlos ManzoniLA NACIONDOMINGO 24 DE ABRIL DE 2016
Carlos Bayala, de New, y José Del Rio, de LA NACION


Uno está en Silicon Valley, otro en Italia, otro vive en Buenos Aires, pero pasa dos días por semana en un avión; otro tiene su sede en Londres y otro hace 26 años que salió de la Argentina para residir en distintos países. Nadie mejor que ellos para analizar el fenómeno del "management argentino por el mundo", el tema que se abordó en la tercera jornada de la tercera edición de Management 2020, organizado por LA NACION y Accenture. Y "ellos" son: Tomás Pierucci, cofundador y presidente de Bluesmart; Horacio Pagani, dueño de Pagani Automobili; Gonzalo Lissarrague, presidente de Global Growth & Operations de Thomson Reuters; Carlos Bayala, director creativo de New, y Germán Curá, presidente de Tenaris Norteamérica.

En distintas entrevistas que les hizo uno por uno José Del Rio, adscripto a la Secretaría General de Redacción de LA NACION, estos "ciudadanos del mundo" desmenuzaron lo que es para ellos el ADN nacional que distingue a los argentinos que trabajan fuera de las fronteras de su país y que hacen llegar sus creaciones, gestiones e impronta al resto del planeta.

"¿Qué distingue a los argentinos del resto?", fue la pregunta que disparó el análisis y a partir de la cual los cinco entrevistados dejaron palabras como "creatividad", "garra", "pasión", "capacidad de adaptarse", "empatía" e "irreverencia", entre otras.

Pierucci considera que lo que caracteriza al argentino es que tiene mucha garra y pasión, y le cuesta mucho darse por vencido. Avanza contra viento y marea, y por más que le digan que no. "Creo que los argentinos, a raíz de todo lo que vivieron en el país, se van fortaleciendo individualmente. Lamentablemente como grupo todavía no funcionamos muy bien, pero soy optimista y creo que vamos por el buen camino para mejorar en ese aspecto y que lo que se viene de acá para adelante es muy bueno", comentó.

Horacio Pagani, de Pagani Automobili. Foto: LA NACION

Pagani amplía el espectro y prefiere referirse a los latinos en general. Opina que se trata de un grupo con características interesantes. "Somos creativos, fantasiosos, simpáticos, vivos y tenemos una buena invención. Y tenemos muy poco respeto por la historia. Entonces contamos con un montón de cosas fantásticas y otro montón de cosas que nos hacen siempre empezar de nuevo. Cuando no respetás la historia, te toca siempre empezar de nuevo", opinó.

Sin duda que las recurrentes crisis por las que atravesó el país han dejado su impronta en el ADN del management argentino por el mundo. Esto es lo que refleja el pensamiento de Lissarrague. "La crisis, para nosotros, tiene que ser una oportunidad porque vivimos en constantes crisis. Cuando suceden las situaciones más difíciles es cuando nuestros clientes más requieren que estemos cerca de eso", dijo el ejecutivo.

Para Lissarrague, un componente muy importante del management argentino es que puede trabajar a nivel estratégico, pero también a nivel operativo. "Podemos mirar cuál es la visión global, pero también entender que hay cuestiones operativas a resolver todos los días. Además tenemos una enorme adaptación al cambio, vemos el cambio como algo positivo. Otro componente importante es la capacidad que tiene el argentino de relacionarse con el otro", acotó.
Germán Curá, de Tenaris. Foto: LA NACION

Sin duda, los argentinos son un caso distinto, se hacen notar en cualquier lugar en el que dicen "presente". En este sentido, Bayala destacó que el nacido en estas tierras tiene una distancia, una perspectiva y una participación que lo hace único. "Tenemos un buen nivel de ironía que nos hace muy irreverentes y nos pone en un plano de mucha posibilidad. No creemos mucho en lo que se nos da, entonces lo rompemos todo y lo volvemos a armar", enumeró.

Claro que estas características, según Bayala, son productivas siempre que se tenga un poco de paciencia para esperar los resultados a largo plazo. Y la paciencia, dijo, no es una característica muy criolla. "El argentino está muy interesado en conocer al otro, en aprender y entender dónde uno está parado respecto de las ideas que hay alrededor. Luego se mezcla el narcisismo y arma un lío tremendo en la ecuación", agregó el creativo.

Curá, por su parte, enfatizó que, según su experiencia, el management argentino tiene tres características notables: "La primera es una muy buena base profesional; la segunda es que tiene un nivel de compromiso notable, y la tercera es la dimensión humana, porque el argentino en general es curioso, empático, se integra, pregunta, aprende, y por lo tanto es bien recibido por otra cultura que al final lo reconoce y lo promueve".

Tomás Pierucci, de Bluesmart. Foto: LA NACION

A la hora de diseccionar las razones por las cuales son exitosos en lo que hacen, Pagani puntualizó que lo importante es razonar con la mentalidad del cliente y tratar de crear un vestido a medida, que, en su caso, es un automóvil. Pensamos que los clientes son realmente nuestros patrones, los que nos pagan los sueldos y hacen crecer nuestra familia.

Lissarrague prefirió dejar de lado lo individual para centrarse en el conjunto. "Más que un individuo, lo importante es un equipo. Un equipo que crea, que tenga sentido del propósito, que tenga humildad para aprender y que sepa que de los errores también se aprende", afirmó.

Según Bayala, afuera se conocen nuevos niveles de humildad, porque se tiene menos público alrededor. "Entonces te la jugás un poco más, bajás algunos cambios, observás más. El público más difícil es mi mamá, mis hermanos, mis amigos. Esos son los públicos más bravos, aunque todavía no entienden muy bien qué hago", se sonríe el creativo.

¿Qué se gana creciendo afuera y qué se pierde? se le preguntó a Curá. Respondió sin dudar que lo que se gana es una visión del mundo muy real. "Yo tuve la oportunidad de ser el responsable global de la firma, lo que me llevó a recorrer cada rincón del mundo y me permitió entender sobre consumo, marco regulatorio, etcétera", contestó.


Gonzalo Lissarrague, de Thomson Reuters. Foto: LA NACION
Entre lo que se pierde, señaló la cotidianidad de la Argentina, los afectos. "Afortunadamente, la tecnología en los últimos años ha permitido mantener un contacto más fluido. Ahora, si me lo preguntás, volvería a hacer lo mismo, sería un ciudadano global, porque la experiencia hecha por mí y mi familia te da una visión de cómo funcionan las cosas, de cómo se pueden hacer las cosas más allá de las diferencias de opinión, y cómo se debe gestionar", explicó Curá.

El hecho de estar fuera del país, con los ojos en varios mercados, lejos de los seres queridos, requiere una templanza especial. El manejo del estrés se vuelve una condición casi vital. En este aspecto, Curá observó que el argentino, producto de su historia de vaivenes, ha aprendido, a veces hasta inconscientemente, a enfrentar situaciones cambiantes. "Lo hacemos preservando siempre la visión de largo plazo y estando siempre dispuestos para adecuarnos a la realidad de lo que la volatilidad de nuestra industria va demandando", concluyó.

Sin duda, el ADN argentino deja su marca en el management mundial y es mirado con respeto en el resto de los países, donde la impronta criolla se abre cada vez más camino.


LA NACIONEconomíaManagement 2020

domingo, 17 de julio de 2016

De medallas y palos borrachos


Córdoba, una postal de la ciudad en primavera.
POR RAQUEL GARZÓN  (Revista Ñ. Clarín)  Etiquetado como:Edición Impresa


                                                           Mi papá fue el argentino más orgulloso de serlo que conocí jamás. “Acordate de esto, Raque, no sucede en ninguna otra parte”, me dijo mordisqueando una empanada la noche que llegamos a Santiago del Estero (yo tendría unos 10 años) y preguntando, aterrizamos sin conocer a nadie en la casa de los Carabajal, sólo para saludar a la madre de los folcloristas por su cumpleaños (una fiesta popular en la ciudad) y nos invitaron a comer, así porque sí.

Su fervor –nunca acrítico– me marcó muy pronto. Estaba decidido que yo iba a llamarme como su hermana, mi madrina, pero cuando volvió del registro civil le mostró a mi mamá un dni con dos nombres: “Raquel Patricia”. Ante la sorpresa de todos, contestó como si fuera de lo más natural para un médico sin parentescos militares: “El segundo es por el Regimiento de Patricios, el primero de la Patria”, un cuerpo nacido de un grupo de voluntarios que resistió la invasión inglesa de 1806.

Todo eso que él llamaba Patria –de las púas de los palos borrachos al cielo de Córdoba – lo definía de un modo íntimo. Y sé que más allá de las insistencias escolares (vuelven a mí imágenes de decenas de escarapelas: de tela, de lana, de metal, redondas, tipo moñito, con forma de bandera...), en ese honesto empeño suyo de 80 años, se tramó la más auténtica noción de lo que yo entiendo por ella: el hambre por construir un nosotros, que nos contenga sin idealizaciones y se haga cargo, para revertir lo que haga falta, no sólo de los que consideramos valores (una creatividad salvaje e inoxidable, por ejemplo), sino también de eso que nos lacera e indigna (de la violencia fraticida a la viveza criolla).

Cuando mi viejo murió, conservaba aún una réplica de la bandera federal de Artigas sobre el escritorio, y no recordaba muchas de las anécdotas patrióticas que nos había contado de chicos, una ristra que desgranó en ocho libros de Historia argentina vista desde el interior del país, pero repetía que escribirlos lo había hecho feliz. Tiempo antes, dejando de lado sus reproches para con 1810 y la que consideraba “una revolución sólo porteña”, había empezado a esperar el Bicentenario, coleccionando medallas y monedas acuñadas en el Centenario, anhelando el doblete con una rara emoción. Esa colección todavía lo dice de algún modo para sus nietos.


En las páginas que siguen, 21 artistas comparten su personalísima versión de Patria. Sé que de los 667 números que Ñ lleva en la calle, este es el que más le hubiera gustado a mi patriota favorito.

domingo, 15 de mayo de 2016

El doloroso rol que el Papa Francisco cumple en Argentina


Opinión

Por Alfredo Leuco.
      
                                        Al Papa Francisco, muchos de estos cuestionamientos ya se los hice a través de una carta abierta que me costó que los kirchneristas me atacaran en forma salvaje, pero que, me dio la máxima satisfacción profesional de mi vida: el Papa me llamó por teléfono y me escribió un correo valorando mi trabajo y agradeciendo mis críticas serenas y constructivas. Por vías distintas el Papa me hizo llegar dos bendiciones y su último libro dedicado especialmente. Todo eso lo agradezco. Pero para ser absolutamente honesto intelectualmente y para cumplir con el pedido del Papa de hacer lío, debo decir una vez más que me cuesta entender, me duele y me desilusiona profundamente el rol que Bergoglio está cumpliendo en la Argentina. En su momento, ya expresé que les había concedido demasiados privilegios políticos a Cristina y su séquito. Que les dio un trato preferencial y les permitió que lo utilizaran electoralmente cuando llevaron a un candidato para una foto que luego convirtieron en afiche y que exhibieran una camiseta de La Cámpora.

También manifesté varias veces la señal contradictoria que envía el Papa a los argentinos cuando predica contra los corruptos y simultáneamente recibe a algunos mafiosos enriquecidos ilegalmente en la función pública. Y no hablo solamente de Cristina y parte de su gabinete. Hablo de varios dirigentes gremiales malandras pero, especialmente de Omar “El Caballo” Suárez, el preferido de Cristina que tiene su despacho tapizado de fotos de las muchas entrevistas que tuvo con el Papa mientras la justicia investiga extorsiones y estafas que hizo aprovechando su cargo. Tal vez la nostalgia de su juventud compartida en la agrupación peronista Guardia de Hierro haya empujado a Francisco a darle un trato de rey a Guillermo Moreno. Un patotero semejante que tiene una de las imágenes más negativas en todas las encuestas. Sin embargo Moreno tiene ingreso libre a la intimidad papal. Tanto que fue Moreno el que gestionó la entrevista que dentro de dos semanas Hebe de Bonafini va a tener con el Papa y que anticipó Clarín. Cuesta creer que el Papa tenga tanta misericordia jesuítica como para poner tantas veces la mejilla. La jefa de las Madres de Plaza de Mayo es quien más insultó groseramente al Papa y a sus fieles: lo trató de basura fascista. Hebe es la que encabezó aquella repugnante herejía de haber convertido al altar de la Catedral en un baño. Es la que se mostró más autoritaria con todos los que expresaron una mirada distinta y, como si esto fuera poco, manchó su pañuelo blanco con dos casos de corrupción: el vaciamiento de la Universidad de las Madres con una deuda monumental de la que nos tuvimos que hacer cargo todos y el tema de las pesadillas compartidas con fortunas que les dio Julio de Vido para que hicieran viviendas populares y que junto con Sergio Schoklender hicieron desaparecer en el aire como por arte de magia. Algo parecido pasó con la bendición que le envió a Milagro Sala, que está detenida por haberle robado el dinero a los pobres de Jujuy.

Los sucesos preocupantes se van acumulando. Margarita Barrientos una santa de la solidaridad popular contó con mucha tristeza que Francisco no la recibió y que en ese mismo momento estaba saludando a Estela Carlotto, la Abuela de Plaza de Mayo. Tal vez hubo un error de protocolo. Eso también sería grave. Pero ameritaría una disculpa formal del Vaticano que hasta ahora no llegó. Solamente hubo un trascendido anónimo y poco creíble.

El trato frío y distante que Francisco le dio al flamante presidente Mauricio Macri fue otro dato clave. En aquel momento titulé mi columna de radio Mitre: “Una sonrisa por el amor de Dios”. Macri fue despachado en 23 minutos, con caras estudiadamente serias pese a que se trataba de un jefe de Estado elegido democráticamente. Bergoglio como Arzobispo de Buenos Aires tuvo un trato respetuoso y cordial con Macri que fue durante 8 años fue jefe de Gobierno de la Ciudad. El contraste era muy fuerte con un gobierno nacional que persiguió a Bergoglio. Lo hicieron espiar por Antonio Stiuso, sacaron los festejos patrios de la Capital y lo definieron, como lo hizo Néstor Kirchner, como el jefe de la oposición que muchas veces se convierte en un diablo vestido con sotana.

El titular de la Pastoral Social, monseñor Jorge Lozano, recibió institucionalmente a Fernando Esteche, comandante de Quebracho, y a Luis D'Elía. Se trata de dos personajes que fomentan la violencia. Esteche lidera los escuadrones que desfilan con las caras tapadas y palos y bombas molotov y de hecho estuvo preso por incendiar la casa de Neuquén en Buenos Aires. D’ Elía tomó una comisaría, trompeó a un productor agropecuario y encima no se le cae la palabra fusilar de la boca. Ambos son los dirigentes que más defendieron a Hugo Chávez y su régimen autoritario y con presos políticos por los que el Papa nunca reclamó y a Ajmadinejad, el líder iraní que niega el holocausto.

Hace unas horas, el sacerdote católico Eduardo de la Serna propuso que el presidente Macri tenga la dignidad de renunciar pese a que asumió hace 150 días. La cúpula de la iglesia se entrevistó con Macri por otros temas y le dijo que De la Serna era un cura marginal, que no reflejaba el pensamiento oficial eclesiástico. Puede ser. Pero a expresiones públicas se les responde con expresiones públicas y no con secretos en reunión, que es mala educación.

A veces, medio en broma y medio en serio, pienso cuanto falta para que el Papa Francisco reciba a Lázaro Báez. O se estreche en un abrazo con Aníbal Fernández, al que bajo cuerdas acusaba de favorecer el narcotráfico o con Horacio Verbitsky, que fue el que denunció a Bergoglio por entregar curas a las catacumbas de una dictadura que los hizo desaparecer. ¿Qué dirá el Santo Padre que vive en Roma?, decía la vieja canción combativa de Quilapayún. Por lo pronto una antigua amiga del Papa como la diputada Elisa Carrió dijo que como cristiana siente vergüenza ajena de que el Papa no haya recibido a Margarita Barrientos y que gracias a Dios, siempre se negó a ir al Vaticano.


Yo me pregunto lo mismo. ¿Qué dirá el Santo Padre de todo esto? Por lo pronto, con todo respeto, me dedico a no callar estos temas inquietantes y a poner el grito en el cielo. Dios proveerá.

domingo, 1 de mayo de 2016

El increíble operativo para atrapar al hacker que cambiaba notas de los alumnos en la UADE



Delitos informáticos

De 21 años, cursa tercero de Ingeniería en Informática en esa universidad. Lo capturaron en su casa, pero para evitar que se fugue o borre información, cortaron la luz de la manzana y usaron drones.
      
María Laura Balonga  CLARÍN

Primero, cortaron la luz de la manzana de avenida Juan de Garay al 3200, hicieron volar dos drones para evitar una posible de fuga y pusieron bajo vigilancia las redes wi-fi para que no destruyera la información. Todas esas medidas fueron necesarias para capturar en su casa al hacker que cambiaba las notas de los alumnos de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).

El sospechoso, quien ya fue puesto a disposición de la Justicia pero que no está detenido, era, justamente, alumno de esa universidad: cursa tercer año de la carrera de Ingeniería Informática. Tiene solo 21 años.

Fuentes del caso informaron a Clarín que todo comenzó cuando un profesor de la UADE notó que un alumno figuraba en sus planillas como “aprobado” cuando no era así: “Pensando que se había tratado de un error propio, lo corrigió en la base de datos. Pero al mes se dio cuenta de que nuevamente esa persona figuraba como “aprobado”. Fue entonces que denunció el caso a las autoridades”.

Imágenes del operativo que permitió dar con el hacker de la UADE.
El área de Cibercrimen de la Policía Metropolitana detectó al hacker luego del ataque al sistema informático de la UADE, y la Fiscalía Especializada en Ciber-delitos de la Ciudad, a cargo de Daniela Dupuy, la que ordenó la investigación en los servidores de esa universidad.

En ese análisis se constató que el hacker había ingresado en los sistemas y a las bases de datos de los alumnos, profesores y usuarios administradores de la red y que varias veces había cambiado las notas de exámenes y trabajos.

"Con los registros donde figuraban las IP [el DNI de cada computadora] desde donde habían atacado los sistemas de la UADE, llegaron hasta la empresa de telefonía celular Claro: también se detectó que había sido atacada por este hacker", dijeron las fuentes. ¿Cómo? La compañía recibía gran volumen de datos sobre sus servidores desde varios puntos, un ataque conocido como “Denegación de Servicio Distribuida”, con el objetivo de que el autor no sea identificado en la red, y así encubrir el verdadero ataque a la universidad.


El sospechoso, de 21 años, es alumno de tercer año de la carrera de Ingeniería Informática. Sus notas registradas en el sistema de la universidad no coinciden con las asentadas en papel.

      
El hacker había introducido un “malware” (código malicioso) en la página de la UADE que le dio acceso a la red. "Una vez conectado, habilitó las tarjetas de los molinetes de ingreso al edificio y con ellas entró a clases, en donde conectaba su notebook para completar la última parte del ataque", informaron.

Fue entonces que descubrieron que el hacker era alumno de la universidad y que sus notas registradas por sistema no se correspondían con las asentadas en papel. Tras revisar sus redes sociales, dieron con su ubicación: vivía sobre la avenida Juan de Garay al 3200, en el límite de los barrios de San Cristóbal y Parque Patricios.

Hasta allí llegó la Policía, pero antes cortaron la luz de toda la manzana, usaron dos drones para controlar que no se fugue por las casa vecinas y se pusieron a analizar las redes wi-fi para que no destruya la información.


Las fuentes confiaron que fue un profesor quien detectó que había un alumno que figuraba como "aprobado" en su materia cuando no era así. Corrigió el error, pero al mes lo detectó nuevamente.

      
“Con todo ese operativo en marcha, el jueves se allanó la vivienda que comparte con sus padres y un hermano dos años menor. Lo encontraron oculto en un cuarto, intentando borrar información. Pero el corte de luz fue clave para que no se perdiera nada”, dijeron las fuentes a este diario.


Se secuestraron varias notebooks, teléfonos celulares, discos, dispositivos de red, cámaras, micrófonos ocultos y nueve servidores que en el momento del ingreso se encontraban realizando una denegación de servicio distribuida, como el que había hecho en la empresa Claro.