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lunes, 15 de mayo de 2017

El secuestro que marcó los años de plomo en Argentina



Jorge Born, durante su secuestro. PACO FELIZ

LITERATURA Lanzamiento en España
www.elmundo.es › Cultura


                                    Se publica en España el best seller 'Born', que narra una de las acciones más audaces de la guerrilla Montoneros "El secuestro de los hermanos Born es un drama de rasgos universales", asegura su autora, María O'Donnell

CÉSAR G. CALERO Buenos Aires
25/03/2016 11:19

                                                Es posible que en la historia de la violencia política no haya habido un secuestro más raro que el de los hermanos Born. Y tuvo que ocurrir, cómo no, en Argentina. Una historia inverosímil que arranca en septiembre de 1974 con una audaz acción armada de la guerrilla Montoneros contra los dos hijos del magnate Jorge Born. Quince años más tarde, el líder guerrillero que ordenó el secuestro, Mario Firmenich, destinaría una parte del millonario rescate a la campaña electoral del más neoliberal de todos los dirigentes peronistas: Carlos Menem.Ese enredo criollo lo desmenuza con fuentes de primera mano y ritmo de thriller la prestigiosa periodista argentina María O'Donnell en el libro Born (Debate), de reciente aparición en España. O'Donnell, que en menos de un año ha vendido 100.000 ejemplares en Argentina, logró que el protagonista principal de aquel episodio, Jorge Born, hijo, hoy un jubilado de 82 años, rompiera su silencio y le relatara minuciosamente los detalles de la trama. "El libro es ante todo una historia humana, un drama de rasgos universales", sostiene la autora en conversación con EL MUNDO.El 19 de septiembre de 1974, un comando de la guerrilla peronista secuestra en el centro de Buenos Aires a los dos hijos de Jorge Born, dueño de la compañía Bunge & Born y uno de los empresarios más acaudalados e influyentes de Argentina. Montoneros estaba en pleno proceso hacia la clandestinidad. El general Perón acababa de morir y la guerrilla había roto puentes con el Gobierno de su viuda, Isabel Perón. Un retorcido secuestro El comando actuó de forma quirúrgica. Los guerrilleros inmovilizaron el coche donde viajaban los Born y mataron al chófer y al gerente de la empresa. Juan y Jorge Born, que entonces frisaban en los cuarenta, permanecerían seis y nueve meses, respectivamente, en una "cárcel del pueblo", custodiados por los jóvenes activistas que habían declarado la guerra revolucionaria al Estado. Pero el plan no saldría tal y como lo había diseñado Firmenich, el líder de Montoneros.El inesperado rechazo del magnate a pagar los 100 millones de dólares exigidos por los guerrilleros dio lugar a una larga y tediosa negociación, encauzada solo gracias a la determinación de Jorge Born, hijo, un personaje de la alta sociedad que descolocaba a sus jóvenes captores, con los que acabó discutiendo en su cautiverio sobre lo divino y lo humano. La guerrilla acabó arañando al viejo Born 60 millones de dólares, una suma descomunal para la época. Ya tenía su ansiado botín para financiar el paso a la clandestinidad. Pero a los "imberbes" militantes, como los había llamado Perón, se les presentó entonces un problema logístico: cómo mover toda esa plata. Y ahí la historia del secuestro da un giro todavía más novelesco. "Aunque los líderes montoneros no querían depender de potencias extranjeras como China o la URSS, al final decidieron enviar una parte del dinero a Cuba, y allí acabarían exiliándose tras el golpe de Estado de 1976", explica O'Donnell. El resto del dinero le fue confiado al denominado "banquero" de Montoneros, David Graiver, para que blanqueara los dólares en los mercados internacionales. Pero Graiver se mató en un accidente aéreo (hay versiones que apuntan a un atentado) y el dinero, 16 millones de dólares, se esfumó.Dudas razonables-¿Qué hicieron los montoneros con el dinero del rescate que no se perdió?-El dinero de Cuba lo fueron sacando poco a poco. Una parte se destinó a financiar la contraofensiva fallida que lanza Montoneros contra los militares. Y, curiosamente, otro monto fue aportado a la campaña electoral de Menem en 1989. Más tarde, Firmenich, condenado únicamente por ese secuestro, fue indultado por Menem junto a los militares de las Juntas. Otro líder montonero que participó en el secuestro, Rodolfo Galimberti, acabaría incluso asociándose con Jorge Born. Estaba muy enojado con Montoneros y se había mostrado en desacuerdo con la estrategia de la contraofensiva. Y Born estaba obsesionado con recuperar su plata. Al final, Galimberti consiguió entregarle una bolsa con varios millones de dólares. -¿Por qué cree que Born se prestó a hablar ahora tras años de silencio?-Son cosas del azar. Él es un jubilado que deposita la confianza en mí sin saber lo que yo estaba escribiendo. Solo le iba mostrando las transcripciones de nuestras conversaciones. Creo que al hablar del secuestro se veía de nuevo desde el lugar de la víctima. Para él, es un asunto ya cerrado e incluso se mostró de acuerdo con los indultos aprobados por Menem en su día.-Curiosamente, esa historia rocambolesca tiene una conexión con España. Firmenich e Isabelita Perón viven ahora en Barcelona y Madrid, respectivamente.-Así es. Uno de los primeros contactos de Firmenich cuando llegó a España fue Manuel Vázquez Montalbán, que incluso se inspiró en su figura al escribir Quinteto de Buenos Aires. La izquierda española siempre tuvo simpatía por las guerrillas peronistas que operaban en la Argentina en los años 70; una izquierda que jamás hubiera tenido esa simpatía hacia ETA, por ejemplo. Los Born, por su parte, también tienen su particular conexión española. Les fascinaba el proceso económico del franquismo y llegaron a instalar una procesadora de aceite de soja en Valencia. -¿Cómo ve la sociedad argentina hoy esa etapa de violencia política y represión, ahora que se cumplen 40 años del golpe del 76?-Por un lado hay un gran consenso social a favor de los juicios contra los militares por crímenes de lesa humanidad. Pero también hay víctimas de la guerrilla que sienten que no han tenido un reconocimiento del Estado, como la familia del chófer de los Born, por ejemplo. Sienten que a ellos nunca se les trató como víctimas de esa violencia política.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Cómo Chile ayudó a los británicos en las Malvinas


SIN ESE RESPALDO "HUBIÉRAMOS PERDIDO" LA GUERRA, DICE OFICIAL DE LA RAF

Sin la ayuda de Chile, Gran Bretaña "hubiera perdido" la guerra de las Malvinas, afirma Sidney Edwards, oficial de la fuerza aérea británica (RAF), que en 1982 viajó a Santiago con la misión de conseguir el apoyo del régimen de Augusto Pinochet.

Nuevos datos salen a la luz sobre el conflicto. Foto: AFP. EL PAIS URUGUAY

TEMAS
Argentina - Rusia - Augusto Pinochet - Gran Bretaña - Guerra de las Malvinas

LETCHWORTH - REINO UNIDO AFPsáb jul 12 2014
Edwards, vicecomodoro en la época, escribió un libro de memorias sobre su experiencia en Chile, "My Secret Falklands War", que se publicará a fines de julio.

"Hubiéramos perdido la guerra" porque "no hubiéramos podido responder a los ataques aéreos que lanzaban los argentinos si no hubiéramos sabido cuándo iban a producirse", explica Edwards, de 80 años, en un café de Letchworth, el pueblo a media hora de Londres en el que reside.

La estación de radares de Punta Arenas, en el sur de Chile, se reveló como una herramienta preciosa para los británicos, "porque nos avisaban cuando los cazas argentinos dejaban sus bases en el sur de Argentina" y permitían enviar a los aparatos británicos a su encuentro lejos de su flota.

"La alternativa hubiera sido montar patrullas aéreas bien lejos de la flota. Eso es extremadamente costoso", no sólo financieramente, sino en términos de desgaste para los pilotos, "y además no hubiéramos podido hacerlo con el pequeño número de aviones que teníamos en los portaaviones".

Edwards llegó el 14 de abril de 1982 a Santiago con una carta de la RAF y la misión de lograr, y coordinar luego, el apoyo del régimen chileno.

El 2 de abril, Argentina, gobernada también por una dictadura militar, había invadido las islas del Atlántico Sur, sobre las que reivindica su soberanía, dando inicio a un conflicto que duraría casi dos meses y medio y acabaría con su derrota.


Su plan.
Edwards, elegido entre otros motivos por su buen español -había estado en la embajada en Madrid- tenía claro que para conseguir sus objetivos debía cortejar al general Fernando Matthei, comandante de la Fuerza Aérea, con supuestas simpatías anglófilas, y miembro de la junta militar que gobernó el país entre 1973 y 1990.

La misión era secreta, y ni siquiera en la embajada británica sabían qué motivo había traído a Edwards a Santiago.

"Nunca había estado en Sudamérica, mucho menos en Chile, y esperaba una especie de lugar polvoriento, mexicano, de cowboys, como los que había visto en las películas del oeste cuando era un niño. Me asombró encontrar una ciudad próspera y moderna, con estándares europeos".

Los chilenos aceptaron ayudar en secreto -un secreto a voces que se confirmaría con la desclasificación en 2012 de los documentos británicos de la guerra- y a cambio se les daría para siempre el material militar que necesitaban.

"Nunca me reuní con Pinochet, fue deliberado. A menudo estuve en el mismo edificio que él, hablando con Matthei, salía al pasillo y ahí estaba Pinochet. Fue una estrategia deliberada, (el apoyo) no hubiera ocurrido sin su aprobación. Pero (Pinochet) quería una salida por si algo iba mal, poder decir `no sabía qué estaba haciendo Matthei`".

"Matthei asumió un gran riesgo, pero lo hizo por su país, porque sabía que si los argentinos ganaban aquella guerra, luego querrían las islas del canal de Beagle", objeto en ese entonces de fricciones entre los dos países sudamericanos, "y eso hubiera sido otra guerra".

"Lo que hizo Chile no sólo nos ayudó a nosotros, sino que evitó otra guerra en Sudamérica", asegura Edwards.

Apoyarse en un régimen brutal como el chileno no le supuso ningún conflicto al oficial británico. "El enemigo de mi enemigo es mi amigo. Tengo mi propia opinión sobre las dictaduras y los derechos humanos, pero me las guardo. Uno lucha en una guerra con todo lo que tiene a mano. Ellos empezaron la guerra, pero nosotros teníamos que ganarla", afirma.

Años después, en 1998, Pinochet fue detenido en Londres a demanda de la Justicia española y Margaret Thatcher, la primera ministra en la época de la guerra, salió encendidamente en su defensa. Ella "sabía lo que los chilenos habían hecho por nosotros pero no podía decirlo, porque la información estaba clasificada. Yo pensaba, `si la gente supiera...`. El motivo por el que ella" defendió a Pinochet con uñas y dientes "era saldar una deuda de honor, porque les debíamos mucho a los chilenos".

Edwards fue condecorado con la Orden del Imperio Británico pero no en la lista de honores de la guerra de las Malvinas, para preservar el secreto.

EL BLOG OPINA

                              Todo lo arriba escrito es una irrefutable crónica. El tiempo se encarga de sacar la verdad a flote, sobre esa absurda guerra, pero guerra al fin. La moral es patrimonio sagrado que debe prevalecer entre hermanos aunque existan diferencias. 

Los chilenos no quedan bien parados no solo en esto sino con países hermanos como lo son Perú y Bolivia. A este último le niegan una carretera para que pueda comunicarse con el Pacífico (Bolivia no tiene puerto marítimo, salvo el de Buenos Aires que está muy distante). Justifican eso como "patriotismo", cuando es en realidad una mezquindad hacia un país modesto que necesitaría ser ayudado. 

domingo, 9 de abril de 2017

Descubrieron la aldea más antigua de la Ciudad en la zona del Autódromo


08/04/2017 - 21:56Clarin.com Ciudades
Arqueología

Descubrieron la aldea más antigua de la Ciudad en la zona del Autódromo
Es de los siglos XII y XIII y vivían cazadores recolectores. Hicieron 38 excavaciones, también en Villa Riachuelo. Encontraron utensilios, flechas y rastros de arquitectura en madera. “Esto cambia la historia porteña”, disparan los expertos.

Descubrieron la aldea más antigua de la Ciudad en la zona del Autódromo
En acción. Los arqueólogos argentinos y vascos excavando a metros de la pista del Autódromo porteño.


María Belén Etchenique CLARIN - BUENOS AIRES

Arqueología/ Hallazgos históricos
“Estamos caminando donde ellos caminaron”, dice el arqueólogo Ulises Camino. Está parado dentro de una excavación, a menos de un metro del suelo. A su espalda se alza una de las tribunas del autódromo porteño, alrededor hay parrillas y mesas de cemento. Dice ellos y no se refiere a las personas que cada fin de semana visitan el camping municipal, tampoco a los que llenan el autódromo cuando hay una carrera. Dice ellos y habla de los pobladores más antiguos de los que se tenga registro en Buenos Aires. Ahí, en medio de un camping, a metros de la pista en la que se corre el Super TC 2000, investigadores argentinos y vascos encontraron un aldea indígena de los siglos XII-XIII.



Hicieron 38 excavaciones, repartidas en el Autódromo Gálvez y en el Parque Ribera Sur, en Villa Riachuelo. Extrajeron cerámicas, puntas de flechas, cuentas de collar, huesos y rocas. También encontraron huellas de postes en los que se apoyaban las casas. Todos rastros que les permitieron confirmar la existencia de un asentamiento prehispánico. La legitimación científica se completó hace dos meses: la aldea es tres siglos anterior a la llegada de los españoles al Río de la Plata.


Parque Ribera Sur. Arqueólogos argentinos y vascos excavan, rodeados de parrillas y mesas de cemento.



“¿Ves este agujero que está ovalado? Seguramente es de un poste que pertenecía a una construcción y lo sacaron para llevarlo a otro lado. Hicieron así -dice Ulises y con los brazos emula el movimiento hacia atrás y hacia adelante que se usa para desenterrar una sombrilla en la playa-”. Dentro de la excavación la tierra es lisa, aunque está tapizada de musgo. Mientras se hicieron los análisis de laboratorio no hubo trabajo de campo. Hoy, sobre el piso de una de las excavaciones hay 12 agujeros de entre 15 y 20 centímetros de diámetro. La mayoría son círculos perfectos, lo que indica que formaban parte de estructuras de viviendas con una ubicación semiestable.

“Es el hallazgo arqueológico más importante de la Ciudad. Encontrar una aldea prehispánica debajo de Buenos Aires cambia la historia: prueba que la vida de la Ciudad no empieza en 1536, con la fundación de Pedro de Mendoza, como nos enseñaron”, dice Daniel Schávelzon, investigador del Conicet y director del Centro de Arqueología Urbana de la Universidad de Buenos Aires. Desde hace 40 años indaga debajo de la superficie porteña. Su nombre está detrás de los hallazgos arqueológicos más valiosos. Pero ni siquiera él suponía que en el sur dormía un asentamiento tan antiguo. Llegó a Villa Riachuelo en busca de otra cosa: quería restos de la primera fundación española. Jamás imaginó lo que encontraría.

Descubrieron la aldea más antigua de la Ciudad en la zona del Autódromo
Investigación. Daniel Schávelzon, Daniel Loponte y Ulises Camino, en el laboratorio del Centro de Arqueología Urbana de la UBA. Así relevaron parte del material recolectado. /Juan Manuel Foglia

Por primera vez, Capital tendrá un mapa arqueológico

El equipo de investigadores empezó pelándole capas a la tierra. Lo primero que hallaron fue fragmentos de vasijas de cerámica, piezas que los indígenas usaban para cocinar caldos y guisos, trasladar el agua que sacaban del Riachuelo (entonces la orilla estaba a pocos metros) y servir la comida. Luego encontraron puntas de flechas, cuentas de collares, vértebras de guanaco, falanges de venados de las pampas y la cáscara de un huevo de ñandú, entre cientos de elementos. “Son restos de uno o varios campamentos indígenas de cazadores recolectores pampeanos. Vivían de la caza de guanaco, ñandú y venado de las pampas. También sabemos que usaban piedras originarias de Tandil, Entre Ríos y Uruguay”, dice Daniel Loponte, arqueólogo del Conicet y del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano. El grupo de expertos se completa con restauradores de la Universidad del Museo Social, la gerenta operativa de Patrimonio de la Ciudad, Nani Arias, y arqueólogos dirigidos por un Agustín Azkarate, un prestigioso investigador de la Universidad del País Vasco.

Descubrieron la aldea más antigua de la Ciudad en la zona del Autódromo
Posible hallazgo. Los arqueólogos argentinos y vascos, reunidos en una de las excavaciones ante un posible descubrimiento.

“Analizamos las cerámicas y tenemos cinco fechas obtenidas por el método de la termoluminiscencia. Cinco fechas coincidentes, en diferentes laboratorios de España, es indiscutible”, dice Schávelzon. “Además -sigue- hay evidencia de que tenían una arquitectura en madera. Si estaban todo el año o si la habitaban en una época o lo usaba un grupo o distintos lo tenemos que seguir investigando”. Pero hay descubrimientos que los entusiasman: recuperaron fragmentos enterrados de morteros para moler pimientos y frutos. También, rocas que usaban para cortar o raspar. “Suponemos que enterraban objetos que les resultaban más difíciles de trasladar. Los ponían en lugares determinados para luego volver a usarlos”, agrega Camino. Además confeccionaban sus propias herramientas, eso jamás se había encontrado en la región. “Fabricaban sus propias puntas de flecha. Encontramos desechos que descartaban mientras las hacían”. Las flechas las empleaban para cazar, aunque no descartan que fuesen elementos de defensa.

Pasaron más de 700 años, el Riachuelo se rectificó y un viejo puente -La Noria- fue desplazado, pero las tierras que rodean al autódromo siguen siendo una loma natural. De pie, al lado de la pista, se pueden ver los edificios de Puerto Madero. Era un punto en el que los primeros pobladores tenían dominio visual sobre todo el bañado del Riachuelo. “La Ciudad de Buenos Aires es el lugar que un arqueólogo menos elegiría para buscar un sitio prehispánico -dice Loponte-. Se supone que acá todo está modificado. Lo que encontramos es una cápsula del tiempo preciosa”.


08/04/2017 - 11:56Clarin.com Ciudades
La aldea prehispánica recién descubierta

"Podemos saber mucho más sobre los antiguos pobladores"
Lo dicen los arqueólogos, que harán nuevos estudios y trabajarán con especialistas en otras áreas: biólogos, geólogos y químicos, entre otros.

"Podemos saber mucho más sobre los antiguos pobladores"
Arqueólogos. Se les sumarán biólogos y químicos, entre otros.
  
Ciudad de Buenos Aires

Arqueología/ Hallazgos históricos
Desde la definición del espacio de trabajo, los investigadores argentinos y vascos se apoyaron en técnicas. Recurrieron a estudios hechos a principios del siglo XX por el naturalista Carlos Rusconi, el primero en reconocer la importancia arqueológica de esa zona del sur de la Ciudad. Usaron cartografía vieja y la superpusieron con imágenes satelitales. Así, definieron un área de terrenos altos ubicados a orillas del Riachuelo, una lengua de suelo que funcionaba como una isla en la planicie de inundación. En ese punto empezaron a abrir la tierra.

Con los hallazgos en las manos, enviaron muestras de cerámicas a laboratorios españoles. Las sometieron al método de la luminiscencia. Una técnica que se usa en arqueología para determinar la edad de objetos que hayan sido sometidos al calor. En la Argentina casi no se hace, dicen los expertos. En breve se harán estudios que darán, mediante métodos como el radiocarbono, la antigüedad de los huesos de guanacos y venados de las pampas. También se harán análisis de ácidos grasos a la cerámica para conocer qué se cocinaba adentro.

“Se puede reconstruir la flora, la fauna, la temperatura, el medio ambiente y las condiciones ecológicas. Podemos saber mucho sobre estos primeros pobladores. Hace 50 años hubiese sido imposible, pero hoy se llega a un nivel de estudio microscópico”, dice Daniel Schávelzon. Las muestras están distribuidas en siete cajas azules en una estantería del Centro de Arqueología Urbana de la Universidad de Buenos Aires. Cada elemento fue lavado en forma previa, y está dentro de una bolsa y rotulado. Un equipo de restauración de la Universidad del Museo Social determinó cómo guardarlos y conservarlos.


En mayo los vascos volverán, los pozos de excavación crecerán a los costados y al grupo de arqueólogos se sumarán geólogos, botánicos, biólogos y químicos. El hallazgo más antiguo en la historia de Buenos Aires lo demanda.




jueves, 2 de marzo de 2017

La mala educación del señor Baradel


Roberto Baradel

                                           La vocación docente es simple y es profunda: se trata de responder preguntas. Es llamativo que un docente se enfurezca frente a una pregunta. La educación es un juego racional, pasional y apasionante de interrogantes y de respuestas.

Roberto Baradel se encolerizó ante una consulta elemental: “¿En qué escuela trabajó?”.


Desplegó en el acto un show inusitado. Se paró de la mesa en la que estaba siendo reporteado, intentaba con dificultad quitarse el micrófono en tanto tomaba temperatura y crepitaba el tono de su voz. Mientras el cable le descuajeringaba la camisa aseguraba enfurecido que la pregunta era capciosa y aludía a su condición de amenazado.


Es interesante psíquicamente su reacción. ¿Por qué se enojo? Si es docente y dio clases, no hay explicación para la dramatización desplegada. Nadie lo descalificó.

Y las amenazas que ha recibido son claramente repudiables y así se explicitó en el aire.

Dicho sea de paso, quien formuló la pregunta es mi hijo Nicolás. Desde que pudo hablar formulaba preguntas sin detenerse: ¿por qué se hace de noche? ¿Cómo no se caen las estrellas del cielo? ¿Por qué nos dormimos? ¿Por qué somos hinchas de Independiente? ¿Papá vos sos profesor? ¿Y donde das clase? ¿Y por qué…?

Y fue así que se hizo periodista. Para preguntar.

Finalmente, Baradel consideró que Nico había olvidado lo que había vivido cuando él, mi hijo, su hija Juli, y su mujer Laura, pasaron largos meses bajo severa custodia policial debido a muy inquietantes situaciones padecidas.

No Baradel. No nos olvidamos.

Me produce angustia recordar eso. Y me solidarizo con usted Baradel por atravesar también una situación tan triste.

Una reflexión final. Todos los males que nos acosan, podrían ser conjurados con una buena educación.


Porque con la mala educación que se manifiesta por ejemplo cuando no contestamos lo que debemos contestar no vamos a ningún lado.






jueves, 27 de octubre de 2016

El día que quisieron matar a Sarmiento


Secreta Buenos Aires - Eduardo Parise CLARÍN 

El atentado fue durante el quinto año de su mandato como presidente, en 1873.     

En la Argentina hay una amplia lista de presidentes constitucionales derrocados por alzamientos militares. También apoyados por civiles, esos hechos siempre terminaron produciendo muchos males para el país. Pero a pesar de eso, hay historiadores que se jactan de que aquí ningún mandatario fue asesinado mientras ejercía su cargo, como ocurrió en otros países, incluido Estados Unidos, al que se toma como ejemplo de democracia. Sin embargo las crónicas locales registran casos con intentos fallidos. El primero de esos casos involucró a uno de las máximas figuras de nuestra historia. Ocurrió el 23 de agosto de 1873 y para siempre la fecha quedó como el día que casi matan al presidente Domingo Faustino Sarmiento.

Por entonces, Sarmiento ya cumplía el quinto año de su mandato de seis. Y enfrentaba distintos conflictos y problemas que afectaban el desarrollo de esa gestión. Quizá el más grave era la histórica rebelión del entrerriano Ricardo López Jordán, un caudillo con fuerza política. Por su captura, el Presidente ofrecía una recompensa de 100.000 pesos. López Jordán no tenía buena prensa, algo que se acrecentó cuando ordenó el asesinato del gobernador Justo José de Urquiza y dos de sus hijos (Justo Carmelo y Waldino). El gobernador había hecho acuerdos con Sarmiento, después de la elección que ganó el sanjuanino. El crimen de Urquiza ocurrió en el Palacio San José, en la ciudad de Concepción del Uruguay. Los hijos fueron ultimados en Concordia.

Dicen que en medio de ese clima surgió la idea de matar al Presidente. La investigación posterior tiene como protagonistas a los hermanos Francisco y Pedro Guerri, dos marineros italianos que estaban en Buenos Aires y sin trabajo. También aparecen Luis Casimir (se hacía llamar“Aníbal”) y Aquiles Segabrugo, a quien conocían como “El austríaco”, aunque había nacido en Milán 38 años antes. Detrás de ellos se supo que estaba la figura de Carlos Querencio, un hombre vinculado a Jordán, quien había prometido un pago de 10.000 pesos si asesinaban a Sarmiento.

La investigación determinó que las balas estaban impregnadas con poderosos venenos, igual que la punta de los cuchillos. Las crónicas de la época mencionan sulfato de estricnina, ácido prúsico y bicloruro de mercurio, tres potentes tóxicos.
      
En la noche de aquel 23 de agosto, los hermanos Guerri se apostaron en la esquina de las actuales Maipú y avenida Corrientes. Debían esperar la señal que les haría “Aníbal” para saber cuándo balear el carruaje en el que viajaba el Presidente. Sarmiento iba hacia la casa de Dalmacio Vélez Sarsfield (redactor del Código Civil; también ministro del Interior y amigo del sanjuanino) y no tenía ninguna custodia: sólo lo acompañaba el cochero. Los Guerri portaban dos trabucos de bronce y boca ancha. Además llevaban puñales por si los perdigones fallaban. La investigación determinó que las balas estaban impregnadas con poderosos venenos, igual que la punta de los cuchillos. Las crónicas de la época mencionan sulfato de estricnina, ácido prúsico y bicloruro de mercurio, tres potentes tóxicos.

Cuando el carruaje llegó a la esquina, los hermanos salieron de las sombras y dispararon contra la cabina. En un primer momento habían pensado en matar a los dos caballos que tiraban de la carroza y luego apuñalar al mandatario. Sin embargo cambiaron de idea. Algunos perdigones atravesaron la ventanilla y salieron por el otro lado. Pero allí ocurrió algo insólito: el trabuco que portaba Francisco Guerri estaba tan cargado que, al disparar, explotó y dañó severamente la mano del joven (tenía 22 años). Dicen que ante esto, “Aníbal” huyó. Pedro asistió a su hermano herido y se refugiaron en una casa. Pero el oficial Floro Latorre y otro agente de Policía, que estaban cerca, los vieron y los detuvieron. Al parecer Latorre tenía algún dato previo al atentado y por eso se había instalado en el lugar. “Aníbal” (Luis Casimir) fue apresado algunos días más tarde. Después supieron que “El austríaco” era Segabrugo y fueron a buscarlo a su casa en el barrio de Balvanera, pero ya había huido hacia el Uruguay. Policías que viajaron a Montevideo para detenerlo encontraron sus cosas en un hotel, pero el hombre no estaba.

Para completar esa historia llena de intrigas, los agentes se enteraron que Segabrugo había sido asesinado de tres balazos en una calle de la capital uruguaya. El crimen se lo atribuyeron a Carlos Querencio, quien nunca fue detenido. Con papeles y documentos que habían encontrado en la habitación del hotel, los policías se embarcaron hacia Buenos Aires. Pero un grupo de jordanistas se metió en el camarote antes de la zarpada y no sólo se llevaron las valijas: canjearon la vida del policía por silencio para siempre sobre lo que había visto y leído en esos documentos. El amenazado cumplió y por eso hubo cuestiones que nunca se aclararon.

El atentado falló, pero lo más sorprendente fue que Sarmiento recién se enteró de lo ocurrido cuando llegó a la casa de Vélez Sarsfield y el cochero, aún agitado por la mala experiencia vivida, contó todo sobre el ataque. El Presidente, por la avanzada sordera que lo aquejaba entonces, ni siquiera había escuchado las detonaciones de los disparos. Al otro día, hizo declaraciones sobre lo ocurrido. “Por suerte no sufrí daño corporal alguno, pero sí en mi espíritu”, dijo. Y agregó; “Hirieron la más alta investidura que puede ostentar un ciudadano de la República; se resquebrajó el respeto a la autoridad”.


El tiempo dejó atrás aquel incidente. Lo que no quedó en el olvido fue el motivo que siempre llevaba a Domingo Faustino Sarmiento a visitar la casa de Vélez Sarsfield. Por entonces era un secreto a voces que el Presidente tenía una relación con Aurelia, la hija menor de Dalmacio. Cuentan que la joven era una escritora e intelectual brillante. Si bien se habían cruzado alguna vez cuando ella era una niña, cuando se reencontraron él tenía 44 años y ella 19. Sarmiento todavía estaba casado con Benita Martínez Pastoriza; Aurelia se había mal casado a los 17 con Pedro Ortíz Vélez, un primo, pero esa relación había terminado mal y ella estaba de nuevo con su padre. Con sus encuentros y desencuentros la relación entre el sanjuanino y la joven duró hasta la muerte de Sarmiento, el 11 de septiembre de 1888, ocurrida en Asunción, Paraguay. Hasta una semana antes de esa fecha, Aurelia estuvo junto a él. Pero esa es otra historia.

martes, 27 de septiembre de 2016

Management 2020: "El ADN argentino impone su impronta en el resto del mundo"

Carlos Bayala, de New, y José Del Rio, de LA NACION. Foto: LA NACION
Cinco ejecutivos con presencia en diferentes países analizaron las características que distinguen a la conducción local y que la hacen reconocida a nivel internacional
SEGUIRCarlos ManzoniLA NACIONDOMINGO 24 DE ABRIL DE 2016
Carlos Bayala, de New, y José Del Rio, de LA NACION


Uno está en Silicon Valley, otro en Italia, otro vive en Buenos Aires, pero pasa dos días por semana en un avión; otro tiene su sede en Londres y otro hace 26 años que salió de la Argentina para residir en distintos países. Nadie mejor que ellos para analizar el fenómeno del "management argentino por el mundo", el tema que se abordó en la tercera jornada de la tercera edición de Management 2020, organizado por LA NACION y Accenture. Y "ellos" son: Tomás Pierucci, cofundador y presidente de Bluesmart; Horacio Pagani, dueño de Pagani Automobili; Gonzalo Lissarrague, presidente de Global Growth & Operations de Thomson Reuters; Carlos Bayala, director creativo de New, y Germán Curá, presidente de Tenaris Norteamérica.

En distintas entrevistas que les hizo uno por uno José Del Rio, adscripto a la Secretaría General de Redacción de LA NACION, estos "ciudadanos del mundo" desmenuzaron lo que es para ellos el ADN nacional que distingue a los argentinos que trabajan fuera de las fronteras de su país y que hacen llegar sus creaciones, gestiones e impronta al resto del planeta.

"¿Qué distingue a los argentinos del resto?", fue la pregunta que disparó el análisis y a partir de la cual los cinco entrevistados dejaron palabras como "creatividad", "garra", "pasión", "capacidad de adaptarse", "empatía" e "irreverencia", entre otras.

Pierucci considera que lo que caracteriza al argentino es que tiene mucha garra y pasión, y le cuesta mucho darse por vencido. Avanza contra viento y marea, y por más que le digan que no. "Creo que los argentinos, a raíz de todo lo que vivieron en el país, se van fortaleciendo individualmente. Lamentablemente como grupo todavía no funcionamos muy bien, pero soy optimista y creo que vamos por el buen camino para mejorar en ese aspecto y que lo que se viene de acá para adelante es muy bueno", comentó.

Horacio Pagani, de Pagani Automobili. Foto: LA NACION

Pagani amplía el espectro y prefiere referirse a los latinos en general. Opina que se trata de un grupo con características interesantes. "Somos creativos, fantasiosos, simpáticos, vivos y tenemos una buena invención. Y tenemos muy poco respeto por la historia. Entonces contamos con un montón de cosas fantásticas y otro montón de cosas que nos hacen siempre empezar de nuevo. Cuando no respetás la historia, te toca siempre empezar de nuevo", opinó.

Sin duda que las recurrentes crisis por las que atravesó el país han dejado su impronta en el ADN del management argentino por el mundo. Esto es lo que refleja el pensamiento de Lissarrague. "La crisis, para nosotros, tiene que ser una oportunidad porque vivimos en constantes crisis. Cuando suceden las situaciones más difíciles es cuando nuestros clientes más requieren que estemos cerca de eso", dijo el ejecutivo.

Para Lissarrague, un componente muy importante del management argentino es que puede trabajar a nivel estratégico, pero también a nivel operativo. "Podemos mirar cuál es la visión global, pero también entender que hay cuestiones operativas a resolver todos los días. Además tenemos una enorme adaptación al cambio, vemos el cambio como algo positivo. Otro componente importante es la capacidad que tiene el argentino de relacionarse con el otro", acotó.
Germán Curá, de Tenaris. Foto: LA NACION

Sin duda, los argentinos son un caso distinto, se hacen notar en cualquier lugar en el que dicen "presente". En este sentido, Bayala destacó que el nacido en estas tierras tiene una distancia, una perspectiva y una participación que lo hace único. "Tenemos un buen nivel de ironía que nos hace muy irreverentes y nos pone en un plano de mucha posibilidad. No creemos mucho en lo que se nos da, entonces lo rompemos todo y lo volvemos a armar", enumeró.

Claro que estas características, según Bayala, son productivas siempre que se tenga un poco de paciencia para esperar los resultados a largo plazo. Y la paciencia, dijo, no es una característica muy criolla. "El argentino está muy interesado en conocer al otro, en aprender y entender dónde uno está parado respecto de las ideas que hay alrededor. Luego se mezcla el narcisismo y arma un lío tremendo en la ecuación", agregó el creativo.

Curá, por su parte, enfatizó que, según su experiencia, el management argentino tiene tres características notables: "La primera es una muy buena base profesional; la segunda es que tiene un nivel de compromiso notable, y la tercera es la dimensión humana, porque el argentino en general es curioso, empático, se integra, pregunta, aprende, y por lo tanto es bien recibido por otra cultura que al final lo reconoce y lo promueve".

Tomás Pierucci, de Bluesmart. Foto: LA NACION

A la hora de diseccionar las razones por las cuales son exitosos en lo que hacen, Pagani puntualizó que lo importante es razonar con la mentalidad del cliente y tratar de crear un vestido a medida, que, en su caso, es un automóvil. Pensamos que los clientes son realmente nuestros patrones, los que nos pagan los sueldos y hacen crecer nuestra familia.

Lissarrague prefirió dejar de lado lo individual para centrarse en el conjunto. "Más que un individuo, lo importante es un equipo. Un equipo que crea, que tenga sentido del propósito, que tenga humildad para aprender y que sepa que de los errores también se aprende", afirmó.

Según Bayala, afuera se conocen nuevos niveles de humildad, porque se tiene menos público alrededor. "Entonces te la jugás un poco más, bajás algunos cambios, observás más. El público más difícil es mi mamá, mis hermanos, mis amigos. Esos son los públicos más bravos, aunque todavía no entienden muy bien qué hago", se sonríe el creativo.

¿Qué se gana creciendo afuera y qué se pierde? se le preguntó a Curá. Respondió sin dudar que lo que se gana es una visión del mundo muy real. "Yo tuve la oportunidad de ser el responsable global de la firma, lo que me llevó a recorrer cada rincón del mundo y me permitió entender sobre consumo, marco regulatorio, etcétera", contestó.


Gonzalo Lissarrague, de Thomson Reuters. Foto: LA NACION
Entre lo que se pierde, señaló la cotidianidad de la Argentina, los afectos. "Afortunadamente, la tecnología en los últimos años ha permitido mantener un contacto más fluido. Ahora, si me lo preguntás, volvería a hacer lo mismo, sería un ciudadano global, porque la experiencia hecha por mí y mi familia te da una visión de cómo funcionan las cosas, de cómo se pueden hacer las cosas más allá de las diferencias de opinión, y cómo se debe gestionar", explicó Curá.

El hecho de estar fuera del país, con los ojos en varios mercados, lejos de los seres queridos, requiere una templanza especial. El manejo del estrés se vuelve una condición casi vital. En este aspecto, Curá observó que el argentino, producto de su historia de vaivenes, ha aprendido, a veces hasta inconscientemente, a enfrentar situaciones cambiantes. "Lo hacemos preservando siempre la visión de largo plazo y estando siempre dispuestos para adecuarnos a la realidad de lo que la volatilidad de nuestra industria va demandando", concluyó.

Sin duda, el ADN argentino deja su marca en el management mundial y es mirado con respeto en el resto de los países, donde la impronta criolla se abre cada vez más camino.


LA NACIONEconomíaManagement 2020

domingo, 17 de julio de 2016

De medallas y palos borrachos


Córdoba, una postal de la ciudad en primavera.
POR RAQUEL GARZÓN  (Revista Ñ. Clarín)  Etiquetado como:Edición Impresa


                                                           Mi papá fue el argentino más orgulloso de serlo que conocí jamás. “Acordate de esto, Raque, no sucede en ninguna otra parte”, me dijo mordisqueando una empanada la noche que llegamos a Santiago del Estero (yo tendría unos 10 años) y preguntando, aterrizamos sin conocer a nadie en la casa de los Carabajal, sólo para saludar a la madre de los folcloristas por su cumpleaños (una fiesta popular en la ciudad) y nos invitaron a comer, así porque sí.

Su fervor –nunca acrítico– me marcó muy pronto. Estaba decidido que yo iba a llamarme como su hermana, mi madrina, pero cuando volvió del registro civil le mostró a mi mamá un dni con dos nombres: “Raquel Patricia”. Ante la sorpresa de todos, contestó como si fuera de lo más natural para un médico sin parentescos militares: “El segundo es por el Regimiento de Patricios, el primero de la Patria”, un cuerpo nacido de un grupo de voluntarios que resistió la invasión inglesa de 1806.

Todo eso que él llamaba Patria –de las púas de los palos borrachos al cielo de Córdoba – lo definía de un modo íntimo. Y sé que más allá de las insistencias escolares (vuelven a mí imágenes de decenas de escarapelas: de tela, de lana, de metal, redondas, tipo moñito, con forma de bandera...), en ese honesto empeño suyo de 80 años, se tramó la más auténtica noción de lo que yo entiendo por ella: el hambre por construir un nosotros, que nos contenga sin idealizaciones y se haga cargo, para revertir lo que haga falta, no sólo de los que consideramos valores (una creatividad salvaje e inoxidable, por ejemplo), sino también de eso que nos lacera e indigna (de la violencia fraticida a la viveza criolla).

Cuando mi viejo murió, conservaba aún una réplica de la bandera federal de Artigas sobre el escritorio, y no recordaba muchas de las anécdotas patrióticas que nos había contado de chicos, una ristra que desgranó en ocho libros de Historia argentina vista desde el interior del país, pero repetía que escribirlos lo había hecho feliz. Tiempo antes, dejando de lado sus reproches para con 1810 y la que consideraba “una revolución sólo porteña”, había empezado a esperar el Bicentenario, coleccionando medallas y monedas acuñadas en el Centenario, anhelando el doblete con una rara emoción. Esa colección todavía lo dice de algún modo para sus nietos.


En las páginas que siguen, 21 artistas comparten su personalísima versión de Patria. Sé que de los 667 números que Ñ lleva en la calle, este es el que más le hubiera gustado a mi patriota favorito.